Portada Conciencia Jurídica Volumen XI

Carta Editorial Volumen XI

La Voz del Pueblo: reclamando justicia y seguridad en un México en crisis.

“La tormenta perfecta: la sobrerrepresentación creada por el poder debilitó y terminó destruyendo la división de poderes, el Estado de Derecho”, así lo señalaba hace unos días la ministra presidenta en retiro Norma Lucía Piña Hernández.

“Carlos Manzo, un hombre bueno, el del sombrero”, dice el corrido popular.

Conciencia Jurídica rinde homenaje a más de treinta años de aquella reforma judicial emprendida por el presidente Ernesto Zedillo, años en los que México intentó —y en gran medida logró— construir un Estado de Derecho que fortaleciera las instituciones nacionales en beneficio de la democracia y la libertad.

Y si bien aquella etapa quedó a deber en ciertos aspectos, lo que vino después destruyó lo edificado.

En los últimos años, los mexicanos hemos sido testigos y protagonistas de un cambio de régimen que ha terminado por desmantelar las instituciones democráticas y de libertades, teniendo como cúspide la conformación de una mayoría artificial en el poder legislativo, con todo lo que ello implica: la demolición del marco constitucional y, con ello, el cambio del paradigma jurídico y de derechos humanos que sustentaba nuestro Estado de Derecho.

La demolición ha sido intensa en todos los ámbitos de la vida nacional: social, político, cultural, económico, y —no se diga— en materia de seguridad pública.

Es precisamente en este último ámbito donde yace la delincuencia organizada, acechando la vida de todos y cada uno de nosotros, avanzando ante nuestras miradas atónitas y frente a nuestra impotencia.

Honor, igualmente, a un presidente municipal cuyo ejemplo de transparencia, honestidad y valor sembró esperanza en millones de mexicanos: la esperanza de un México al que pertenecemos y que nos pertenece; un México de familias seguras, de instituciones sólidas, dentro de un Estado de Derecho que genere oportunidades de desarrollo equitativo y en libertad para todos.

Sí, Carlos Manzo —desde Uruapan, Michoacán— nos dio el ejemplo: no puede existir un país próspero sin seguridad.

Para lograrla necesitamos, con urgencia, gobernantes que amen a la Patria, que amen el servicio público y que tengan el valor de enfrentar a la delincuencia.

Así nació, con fuerza y con su muerte, la figura idílica de Carlos Manzo, un hombre bueno, el del sombrero, que hoy es y será símbolo de la lucha por recuperar nuestro país: el país del bien, del esfuerzo, de la solidaridad.

El México de todos, no de unos cuantos a quienes desde el poder llaman “pueblo” por conveniencia.

No: se equivocan.

El pueblo somos todos. Todos somos mexicanos.

¡Viva México y viva la libertad!

Lic. Igor Trujillo Čenčič

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